Thursday, February 7, 2013

Dejate que te lleve

Dejarse llevar y ceder forman parte de la realidad de nuestras vidas. Cuando nacemos, tenemos que dejar de lado el cordón umbilical y el agua que nos sostiene para que pudiera respirar y tener una nueva vida. Cuando empezamos a crecer, nuestros padres de vez en cuando dejar de lado nuestras manos y nosotros de ellos hasta que estamos totalmente de aprender a caminar y descubrir muchas cosas en la vida. Cuando comenzamos a ir a la escuela, tenemos que dejar de lado las cosas que están confinadas sólo en nuestros hogares para que podamos saber más sobre la vida y la sociedad. Entonces comenzamos a tener nuevas perspectivas en la vida. Cuando empezamos a amar, empezamos a dejar de lado el amor que teníamos para nuestros padres y comienza a dejar de lado las cosas que queremos para nosotros mismos para que nuestra querida encontraría la vida nueva en nosotros y nosotros en ellos. Cuando el matrimonio llega, la pareja tiene que separarse de sus padres para tener y empezar una nueva vida, una nueva familia, un nuevo comienzo. Cuando se convierten en padres, se aprende a dejar de lado sus deseos personales y los hábitos con el fin de dar forma y dar vida a sus hijos. Cuando te haces mayor, empiezas a dejar de comer carne de cerdo o alimentos demasiado grasos o dejar de mal habito o comienzan a dejar de lado el trabajo que tenía con el fin de alargar los últimos años de su vida. Y cuando se muere, hay que dejar de lado esa respiración que has aprendido desde el momento en que dejó el agua en el vientre de su madre hasta su último con el fin de pasar a la segunda vida. Una vida que es para siempre.

Tenemos que aprender a dejarse llevar para vivir. Tenemos que aprender a vivir una vida que está llena de dejarse llevar, si queremos vivir de verdad.

(Una parte de la homilía para el entierro de un muerto, 07 de febrero 2013 IHMP)


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