Friday, June 10, 2011

La Trinidad, una ousía tres hypóstasis

Tema 10. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo (2 Cor 13,13). El misterio del Dios trinitario, como una ousía en tres hypóstasis.

La unidad de Dios en tres personas es el misterio central de la fe cristiana. El cristianismo se diferencia esencialmente de todas las otras religiones por su afirmación de la existencia de tres personas en Dios. Al mismo tiempo, la fe en la Trinidad proyecta su luz sobre todos los demás elementos del cristianismo. Sólo a partir de esta fe pueden ser comprendidas rectamente en su sentido ontológico y salvífico, y en toda su amplitud, la figura y la obra de Jesucristo. Otro tanto ocurre con la existencia cristiana: no puede ser entendida en toda su riqueza y profundidad sino a partir de la fe en la Trinidad divina, es decir, como participación en la vida trinitaria de Dios, cuyo fundamento es la unidad con Cristo glorificado y que no llegará a su forma definitiva y plena hasta la visión beatífica. La estructura de toda fe cristiana está determinada por la expresión: per Christum in Spiritu Sancto ad Patrem.

Para una comprensión analógica preliminar de la Trinidad se puede escoger entre dos caminos: el histórico que siguen en sus fases principales, la revelación que Dios ha ido haciendo de sí mismo; y analítica que toma como punto de partida toda la doctrina de la Iglesia sobre la Trinidad. En realidad, se deben relacionar ambos puntos de vista, porque el camino histórico sólo podrá ser seguido con resultados positivos si se tiene siempre en cuenta quién es aquel que se presenta en la historia de la salvación. El método analítico sólo adquirirá un sentido pleno si se toma en consideración la realidad que responde a los conceptos y que se hace perceptible en la historia.

La Iglesia y la teología utilizan para la presentación analógica y para la expresión de la fe los conceptos de naturaleza y persona. Estos dos conceptos expresan las dos categorías supremas de la existencia. Sin embargo, si se tomaran con respecto a Dios en el mismo sentido en que se usan habitualmente, se llegaría a confusiones muy difíciles de resolver e incluso a herejías. Sobre todo, un uso imprudente de la palabra “persona” conduciría inevitablemente a un triteísmo, es decir, al politeísmo. Estos conceptos sólo pueden ser utilizados analógicamente.

Un sólo Dios existe y vive en tres personas. Éstas son realmente (numéricamente) distintas entre sí y, sin embargo, idénticas con la esencia divina, con la sustancia divina. La unicidad de Dios está basada en la unicidad de la esencia divina. Por razón de esta unidad se puede afirmar que un sólo Dios existe como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así se excluye claramente toda cuaternidad (esencia y tres personas). Sin embargo, para poder afirmar una diferencia real entre las personas es imprescindible admitir una diferencia virtual o formal entre la esencia divina y las personas. El Padre no tiene origen. El Hijo es engendrado por el Padre de la sustancia divina. El Espíritu Santo no es engendrado sino que en virtud de las procesiones, existen en Dios relaciones: éstas constituyen a las personas y también las propiedades personales, que son al mismo tiempo características distintivas de las personas. Las relaciones constitutivas son la paternidad, la filiación y la espiración pasiva. Las tres personas están íntimamente unidas por razón de sus relaciones mutuas. Del mismo modo que la naturaleza divina, también toda actividad divina es común a las tres personas, mientras no se trate de la procedencia de alguna de las otras. Las personas divinas constituyen un sólo principio, de una manera especial, en toda su acción exterior. En este punto conviene distinguir entre la acción de Dios como creador del mundo y su actividad salvífica.

La triple personalidad metafísica de Dios, tal como es enseñada por la Iglesia, se presenta, dentro de la historia de la salvación testimoniada por la Escritura, principalmente, aunque no exclusivamente, como Trinidad económica, como una triple acción salvífica de Dios. Pero la Trinidad económica no es otra cosa que la revelación de la Trinidad íntima y metafísica.

El Dios único del AT envía al mundo, según el testimonio del NT, a su Hijo a fin de salvar al mundo. En unión con el Hijo, envía al Espíritu para que transmita a los hombres la obra salvadora del Hijo. No se trata, por tanto, en la Sagrada Escritura directamente de la triple personalidad de Dios en sí, sino de su triple personalidad referida a nosotros. San Pablo percibe lo que el Padre, Hijo y Espíritu realizan en nosotros los pecadores, convertidos y justificados por la fe en Jesús: en un texto de bendición presenta la gracia de Jesús, fruto del amor del Padre, que reúne a los hijos en la comunión del Espíritu (2 Cor 13, 13).

Los escritos nos presentan una perspectiva unitaria que da claves no sólo sobre la identidad de las tres personas divinas, sino también de su relación.

PADRE. Jesús habla de Dios casi siempre como del PADRE, el ABBA. En esta palabra se encierra el núcleo esencial de su mensaje sobre Dios (Jn 17, 4-8). La expresión PADRE CELESTIAL resume la transcendencia y la cercanía de Dios (Mt 6, 9. 14). A este Padre celestial se refiere Jesús con las expresiones MI PADRE y VUESTRO PADRE. La segunda tiene carácter de exigencia (Mt 5, 16) y de promesa (Mt 7, 11). Va dirigida sobre todo a los apóstoles, y entonces tiene un especial énfasis (Mt 23, 9). Se da, pues, una relación singular entre esta expresión y la imitación de Cristo y la recepción de su mensaje. Pero Jesús nunca une las dos expresiones citadas en un NUESTRO PADRE, sino que las separa cuidadosamente (Jn 20, 17). La expresión MI PADRE incluye evidentemente una relación exclusiva entre Padre e Hijo, cuyo contenido y peso se manifiestan en la oposición individual entre Dios y Jesús (Mt 7, 21) como Padre e Hijo (Mt 11, 27). Esta relación de Padre e Hijo entre Dios y Cristo es un misterio que sólo conoce y puede revelar el Padre respecto al Hijo (Mt 16, 17) y el Hijo con respecto al Padre (Jn 1, 18). Esta revelación se realiza ante todo en el evangelio de Juan. Cristo es el Hijo del Padre: el Hijo eterno, consustancial, encarnado (Jn 1, 1-2), que salió del Padre y vino al mundo (Jn 16, 28). Como unigénito en el seno del Padre (Jn 1, 18), es uno con él (Jn 10, 29), y quien ve a Cristo, ve al Padre (Jn 14, 9-10). Por esta revelación de la filiación natural de Cristo se nos manifiesta el pleno sentido en que Dios es Padre: Dios es Padre, porque tiene un Hijo divino, Jesucristo.

El NT reserva a este Padre de Jesucristo, de manera casi exclusiva, el título HO THEOS. El término Dios se aplica a Cristo en muy pocos lugares, y sólo como predicado. Para designarle como sujeto se usa la expresión: HO HUIÒS TOÛ THEUÛ y sobre todo el título divino de KYRIOS (2 Cor 1, 2-3; 1 Cor 8, 4-5). Así pues, el mismo uso lingüístico del NT identifica de manera singular DIOS y PADRE, llegando sencillamente a designar la primera persona divina como Dios Padre (Ef 6, 23). Al mismo tiempo, este Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que envió su hijo al mundo, se presenta como el Dios del AT y de toda la historia de la salvación. Es el Dios de los judíos (Jn 10, 54-55), el Dios de Abraham y de los profetas (Hech 3, 13- 26). Él prometió en las Escrituras del AT a través de los profetas la venida de su Hijo (Rom 1, 2-4). Toda la economía de la salvación tiene en Dios Padre su última meta y cumplimiento, cuando Cristo entregue el reino al Padre (1 Cor 15, 24-28)

JESUCRISTO. Jesús era consciente, conforme a los testimonios que aportan los Hechos de los Apóstoles y los Sinópticos, de ser el enviado de Dios, al cual podían reconocer sus oyentes como único Dios vivo y verdadero, según la revelación del AT. Éste es el Padre de Jesús: Padre no en el mismo sentido que lo es de los demás hombres (Mc 12, 1-12). En la misma ocasión tomó Jesús la palabra y dijo: Yo te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y la revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque tú así lo quisiste. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar (Mt 11, 25-27). Jesús se sabe en posesión de la plenitud del Espíritu (Lc 4, 18). Con él llega y se hace presente el reino de Dios, el señorío de Dios (Mt 12, 28). Porque él es Aquel en quien se decide la salvación o la condenación del hombre. Aquel que niega a Cristo es entregado al juicio. Jesús tiene poder sobre la enfermedad, la muerte y el pecado. Las curaciones que él realiza son signos de su poder de perdonar los pecados. Él es el auténtico intérprete de la ley (Mc 2, 23-28).

La expresión HIJO no demostraría por sí sola, según su contenido formal, una vinculación esencial de Jesús con Dios. Pero esa vinculación es afirmada por la forma como Cristo muestra su filiación. Él distingue. como Hijo, de los siervos y se atribuye unos poderes y derechos que, según la fe de sus oyentes, son exclusivos de Dios (Mc 10, 28-31).

ESPÍRITU SANTO. La tercera persona, actúa, según los sinópticos, tanto en los órganos de revelación como en el mismo Cristo de las más variadas formas: Mt 1, 18-20; Lc 1, 15-67. Cristo dice de él: Todo pecado y blasfemia les será perdonada. Quien hablare contra el Hijo de Hombre será perdonado; pero quien hablare contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en este siglo ni en el venidero (Mt 12, 31-32). La divinidad del Espíritu Santo está aquí claramente expresada. Las palabras más claras sobre el Espíritu Santo no las dirigió Jesús a la multitud, sino a los discípulos: Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o de qué habéis de responder o decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquella hora lo que habéis de decir (Lc 12, 11-12). También antes de su ascensión promete Jesús el Espíritu a los discípulos (Hech 1, 8).

En Pentecostés es enviado realmente el Espíritu Santo sobre toda la comunidad de los creyentes en Cristo reunidos en Jerusalén (Hch 2, 1-5). El Espíritu dirige y guía a la Iglesia. Él es el principal actor en todos los acontecimientos (Hech 5, 3. 9). Él elige a Pablo como predicador de los gentiles (Hech 13, 2-4). Él es el guía invisible de su actividad misionera. El Espíritu es descrito en los Hechos siguiendo la línea de las imágenes veterotestamentarias, como fuerza de Dios, don de Dios, fundamento de la salvación. Pero también aparece frecuentemente con características personales. Actúa en aquellos que creen en Cristo, especialmente en los apóstoles y en los demás miembros destacados de la comunidad. Es el inspirador de la Escritura. Está en relación con los hombres y en relación con Dios, que es quien lo envía. Hay, por un lado, una distinción entre Dios y el Espíritu, pero, por otro, el mismo Dios está presente en el Espíritu, enviado por él.

En el Siglo II la Iglesia intentó a profundizar sobre este tema frente al MONOTEISMO HEBRAICO, POLITEÍSMO HELÉNICO, MONISMO (PANTEÍSMO) EMANACIONISTA DE CORTE PLATÓNICO y ESTOICO y del DUALISMO HERÉTICO de marca gnóstica. También frente a estos dos puntos irrenunciables: Dios es uno y único (NO MONOTEISMO RÍGIDO) y Dios es en sí distinto (NO POLITEÍSMO). Relación entre unidad y multiplicidad.

A los finales del Siglo III y principios del Siglo IV surgió el MONARQUIANISMO que intento de salvaguardar absoluta unidad compromete la distinción real Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dentro del Monarquianismo tenemos el DINÁMICO: El Logos es energía (dynamis) de Dios-uno, que entra en Jesús temporalmente y lo habilita para su función de Mesías. TEODOTO DE BIZANCIO y PABLO DE SAMOSATA. El otro es el MODALISTA: El Padre, Hijo y Espiritu Santo son tre "modos" o aspectos diversos asumidos por el único Dios para revelarse y salvar al hombre. También PATRIPASIANOS (Condena Ceferino, papa). NOETO, PRAXEAS y SABELIO son los personajes de este asunto. Luego también surgió el SUBORDINACIONISMO (que tiene que ver con el ARIANISMO): El Hijo y Espiritu son subordinados al Padre que es verdadero Dios solamente, los otros son mediadores divinos.

Los que redactaron el CREDO DE NICEA, y entre ellos Atanasio, empleaban como sinónimos ousia e hypostasis.Así, por ejemplo, Atanasio, aun en uno de sus últimos escritos, Ad Afros 4, al refutar las objeciones que se hacían contra estas dos palabras por no ser de la Escritura, dice: Hypostasis es ousia y no significa otra cosa que ser, sencillamente. El mismo sínodo de Alejandría del año 362, que presidió ATANASIO reconoció oficialmente estas dos expresiones: UNA HYPÓSTASIS o TRES HYPOSTASES EN DIOS. Esta decisión dio lugar a interpretaciones falsas y a controversias sin cuento. San BASILIO fue el primero que insistió en la distinción, UNA OUSÍA Y TRES HYPOSTASES EN DIOS, y sostuvo que la única fórmula aceptable es μία ουσία, τρεις υποστάσεις. San Basilio fue el que haber atraído nuevamente a la Iglesia a los semiarrianos y el haber fijado de una vez para siempre el significado de las palabras OUSÍA E HYPÓSTASIS. Para él, OUSÍA SIGNIFICA EXISTENCIA O ESENCIA O ENTIDAD SUBSTANCIAL DE DIOS, mientras que HYPÓSTASIS ES LA EXISTENCIA EN UNA FORMA PARTICULAR LA MANERA DE SER DE CADA UNA DE LAS PERSONAS. OUSÍA CORRESPONDE A SUBSTANCIA EN LATIN, aquella entidad esencial que tienen en común el Padre, el Hijo y el Espíritu, mientras que San Basilio define HYPÓSTASIS como το ιδίως λεγόμενον, que denota una limitación, una separación de ciertos conceptos circunscritos de la idea general, y corresponde a persona en la terminología legal de los latinos. Dice, por ejemplo, en la Ep. 214: Ousía dice a hypostasis la misma relación que lo común a lo particular. Cada uno de nosotros tiene parte en la existencia por el término común de ousía y es tal o cuál por sus propiedades particulares. El término común es ousia, como bondad o divinidad o cualquier atributo parecido, mientras que hypostasis la contemplamos en la propiedad especial de Paternidad, Filiación o el poder de santificar.

TERMINOLOGÍAS TRINITARIAS:

MONORQUÍA: mono-arché, un sólo principio. Significa la unidad de Dios (Dz 112). El misterio trinitario no es una regresión al politeísmo, como creyeron los adopcionistas y modalistas, sino una afirmación rotunda del monoteísmo, de Dios uno.

ECONOMÍA: Oikonomía. Es la doctrina que contempla el propósito del Padre manifestado en el tiempo por Jesucristo, su Hijo, en el Espíritu Santo.

ESENCIA: OUSÍA. SUSTANCIA. NATURALEZA. El ser mismo de Dios uno y único, en cuanto es poseído por cada una de las personas divinas. En Dios nada hay que sea accidental (la esencia no puede recibir nada de modo contingente), por eso en Dios todo es sustancial, y las tres personas son consustanciales. A la esencia misma se le llama también sustancia, de la que (según Sto Tomás) es engendrado el Hijo y de la que emana el Espíritu Santo. La esencia es llamada también naturaleza divina en cuanto que es principio de acción.

SUBSISTENCIA: Brota en Occidente con Rufino y sirve ya para designar los distintos modos de subsistir la esencia de Dios en las tres personas divinas. Subsistencia equivale al griego hipóstasis, término que oriente usa para designar a las personas.

PERSONA: PRÓSOPON. Antes de que Nicea, los Capadocios y Agustín fijen la terminología en Occidente, se reserva la palabra griega prósopon para hablar de las personas. El papa S Dionisio, al cree sin duda equivalentes los términos hipóstasis y sustancia, considera herético hablar en Dios de hipóstasis separadas. Más tarde, Agustín dirá que los griegos llaman hipóstasis a lo que nosotros llamamos persona, y aceptará la famosa frase mía ousía, tretîs hypostáseis (una esencia y tres hypóstasis), como expresión de la ortodoxia postnicena, que cuaja y se determina con el segundo Concilio de Constantinopla (553). Persona es la que comunica y recibe la esencia divina y a su vez no se comunica, es lo distintivo y característico.

PROCESIONES: ENGENDRAR Y ESPIRAR. Las procesiones eternas preceden sin embargo a las misiones o envíos y los fundamentan. Las procesiones indican la procedencia de las personas: la procedencia eterna del Hijo respecto del Padre y la emanación del Espíritu respecto del Padre y del Hijo. Tomás de Aquino dirá que el Hijo es ENGENDRADO por vía de entendimiento y el Espíritu es EMANADO por vía de amor. Las criaturas proceden del creador por processio transiens, ad extra; las procesiones trinitarias son processio inmanens, ad intra, donde el procedente permanece dentro de su origen.

MISIONES: Cuando a la procesión eterna del Hijo y del Espíritu se le asigna un “termino ad extra” tiene lugar la misión: 1) el Padre envía a su Hijo al mundo; 2) el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo a la Iglesia y a los corazones de los fieles, y de manera especial inspira a los apóstoles y profetas.

RELACIONES: Con Gregorio Nacianceno el uso del término relación adquiere carta de naturaleza con enorme relieve teológico. Las relaciones son la PATERNIDAD, la FILIACIÓN y la ESPIRACIÓN ACTIVA (comunicación de amor entre el Padre y el Hijo, de quienes emana el Espíritu) y la ESPIRACIÓN PASIVA (Espíritu Santo en cuanto amado). La paternidad se identifica con la persona del Padre, la filiación con la persona del Hijo y la espiración pasiva con la persona del Espíritu Santo. Pero la espiración activa no se distingue de la realidad del Padre y del Hijo de quienes emana el Espíritu Santo. Por eso, aunque hay cuatro relaciones reales, hay tres personas distintas. Entre la esencia divina y las relaciones (las personas) no existe distinción real sino virtual (no existe en la realidad, pero ésta ofrece fundamento para ser captada bajo diversos aspectos).

PERIKHÓRESIS: Ésta tiene su fundamento en Jn 10, 30: Yo y el Padre somo uno. Esta CIRCUMINSESIÓN o interpenetración aparece muy pronto en la reflexión eclesial. El término fue acuñado por Juan Damasceno, significa LA MUTUA INMANENCIA -como aspecto estático- y también la intercomunicación -como aspecto dinámico. Al latín se ha traducido como “circuminssesio” el aspecto estático, y como “circumincessio” el aspecto dinámico. En palabras de J Moltmann: En el Dios trino tiene lugar un proceso vital eterno mediante el intercambio de las energías. El Padre existe en el Hijo, el Hijo en el Padre y ambos en el Espíritu, como el Espíritu existe en ambos. Viven y habitan unos en otros en virtud del amor eterno, siendo los tres uno. Es un proceso de perfecta y plena empatía(...) La perikhorésis hace que aquello que los diferencia sea también lo que los une eternamente (...) combina en forma genial la Trinidad con la unidad, sin reducir la Trinidad a la unidad y sin disolver la unidad en la Trinidad. Es clásica la fórmula de Hilario de Poitiers sobre las relaciones del Padre y del Hijo: Cada cual del otro; y no ambos en uno, sino el uno en el otro, porque no hay alguna otra cosa en ambos.

Inspirándose en Fulgencio de Ruspe, el CONCILIO DE FLORENCIA define así la circuminsesión: A causa de su unidad, el Padre está todo en el Hijo y todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre y todo en el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo está todo en el Padre y en el Hijo (Dz 704). La doctrina de la perikhóresis a nivel especulativo excluye el triteismo y el modalismo. También fundamenta la unidad entre Jesucristo y el hombre (Jn 14, 20; 17, 23) y entre los hombres entre sí. La unidad con Dios, fundada por Jesucristo, no absorbe, pues, al hombre, ni lo anula; significa distinción permanente y asienta así la verdadera autonomía y libertad. El misterio trinitario es el fundamento más profundo y el sentido último de la persona humana y de su perfección en el amor.

NOCIONES: Son notas que dan a conocer a las personas: la INNASCIBILIDAD y la PATERNIDAD (permiten distinguir al Padre), la FILIACIÓN y la ESPIRACIÓN ACTIVA (permiten distinguir al Hijo, ya sea en sí mismo, ya sea unido al Padre) y la ESPIRACIÓN PASIVA (permite distinguir al Espíritu Santo).

PROPIEDADES PERSONALES: Summa Theol., I q. 30 a 2 ad 1: Estas tres relaciones de PATERNIDAD, FILIACIÓN Y PROCESIÓN (PASIVA) se llaman propiedades personales, como si constituyeran a las personas. Los propiedades de la Trinidad inmanente son INNASCIBILIDAD, PATERNIDAD, FILIACIÓN, ESPIRACIÓN PASIVA. Los propiedades de la Trinidad económica son la ENCARNACIÓN, INHIBITACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO.

Usando la neoescolástica resumimos toda la terminología trinitaria a “un juego de palabras”:

UNA------------------------ ESENCIA-SUSTANCIA-NATURALEZA
DOS------------------------ PROCESIONES Y MISIONES
TRES----------------------- PERSONAS
CUATRO------------------ RELACIONES REALES
CINCO--------------------- NOCIONES
SEIS------------------------ PROPIEDADES PERSONALES

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