Saturday, June 11, 2011

El carácter absoluto del Cristianismo

Tema 12. Dios quiere que todos los hombre se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad, porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo (1 Tim 2, 4s). El carácter absoluto del Cristianismo y su relación con las distintas religiones.

Jseucristo: el único mediador y mediador universal, el salvador universal. Choca ¿verdad? Esto provoca cuestiones sobre a los que no son cristianos. Esto nos da la pregunta al carácter absoluto del Cristianismo. Y si añadimos mas afirmaciones como que el cristianismo constituye la definitiva manifestación de Dios a todos los hombres y de todos los tiempos y que es insuperable, exclusiva y universalmente valida. ¿Qué pasa con el resto de las religiones? ¿Qué pasa con los que no tienen religión? ¿Que pasa con la libertad humana, de la libertad del culto y religión? O a lo mejor, la pregunta debería ser ¿de que tipo de afirmación estamos hablando?

ES UNA AFIRMACIÓN DE FE el decir que  el cristianismo supone la manifestación insuperable, exclusiva y universalmente valida de Dios en la historia. Es una afirmación que se basa en el descubrimiento vital, experiencial, desde la fe, de Jesucristo como revelación definitiva e insuperable de Dios.

Tal afirmaciones conlleva unas consecuencias.
1) La relación entre el cristianismo y las demás religiones: el cristianismo no debe crecer sobre la ruina de las demás religiones. El cristianismo acepta lo que hay de verdad en las tradiciones religiosas. Desde la fe contemplamos a Jesús como el juicio sobre todo lo que hay de inhumano en las religiones y como plenitud de todo lo positivo. 


2) El carácter absoluto del cristianismo ha de ser compatible con la libertad de conciencia: los cristianos deben respetar y promover la libertad de conciencia: no se debe imponer jamás la opción religiosa. El carácter absoluto del cristianismo no significa el valor absoluto de la cristiandad ni de la iglesia. La iglesia, santa y pecadora, esta sometida a la tensión escatológica en la historia. No se puede identificar con el reino de Dios. 


3) El carácter absoluto del cristianismo no implica ninguna pretensión de dominio, sino que es un servicio para toda la humanidad: desde el carácter absoluto del cristianismo, la misión de la iglesia no a de verse tanto en la salvación eterna del individuo sino en cuanto signo de amor y esperanza entre las naciones.



4) El carácter absoluto del cristianismo no supone la afirmación de la iglesia como realidad perfecta: la iglesia esta sometida a la historicidad y esto supone la conciencia de lo que significa la provisionalidad, el desgaste, la perspectiva, la necesidad de reforma. Su carácter peregrinante que evita hacer absoluta ninguna etapa 
histórica, salvo el origen normativo de la fe (la relación = iglesia apostólica y NT).


5) El carácter absoluto del cristianismo exige el reconocimiento de la importancia teológica del progreso humano: hay que evitar un ingenuo optimismo frente al progreso científico técnico. Pero desde la fe podemos descubrir que esta etapa de la humanidad caracterizada por el progreso y el sentido planetario es un contexto querido por Dios para el anuncio del evangelio.


La religión del cristianismo no existe solo en el mundo. Hay otras religiones que existe por eso seria mejor destacar como el cristianismo relaciona con las otras religiones, y qué papel juegan ellas, qué pasa con el tema de salvación, qué pinta tiene Jesucristo con ellos.



En el NT. encontramos la referencia a “los otros”, aquellos que no pertenecen al pueblo de Israel. Su entrada al Reino de Dios no se reduce al momento escatológico sino que es histórica. Esto queda reflejado en varios pasajes: Jesús alaba la fe de la sirofenicia (Mt 15,28), la del centurión (Mt 8,10), la del samaritano curado de lepra que vuelve para dar gracias. Los milagros y curaciones de Jesús a favor de los extranjeros indican que el Reino de Dios está presente y actúa también en medio de “los otros”. Mt 8,11-12: muchos de oriente y occidente serán admitidos en el Reino. En el encuentro con la samaritana (Jn 4,1-23) Jesús aparece en diálogo con una mujer pagana que acaba mostrando su apertura a la fe. En la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37) este es presentado como ejemplo. Por tanto, queda reflejada la apertura de Jesús a los gentiles. 

Algunos de los santos padres afirman que las religiones contienen de modo imperfecto la presencia del Verbo:

San Justino introduce la idea de los “semina Verbi”. Ya en las tradiciones pre-cristianas el Verbo se ha manifestado parcialmente, ya que ha sembrado en ellas “semillas de verdad”. Así, el Cristianismo va más allá de sus límites visibles y existe antes de su seguimiento histórico. Así, la humanidad ha participado de él desde siempre en cuanto las personas a vivido de acuerdo con el Logos divino. Esta presencia de las semillas del Verbo es don de Dios.

Clemente de Alejandría afirma que la racionalidad humana es participación del Logos. Con la Encarnación el mundo ha sido sembrado de semillas de salvación, pero hay una siembra desde el principio, que explica que en la filosofía griega puedan encontrarse fragmentos de verdad, que pertenecen al Logos pleno. Por tanto, el Verbo era operativo en el mundo antes de la encarnación aunque de modo imperfecto.

San Ireneo sostiene que el Verbo se reveló a los hombres antes de la encarnación. Las teofanías son revelaciones del Verbo en las que se preparaba para la encarnación. Según este autor, los pueblos que no han recibido la predicación cristiana creen en Cristo y poseen la salvación escrita por el Espíritu en sus corazones.

San Agustín, por su parte, afirma que la Iglesia existía desde el justo Abel e incluso existía el Cristianismo, en cierto modo, antes del inicio del género humano, ya que Cristo es imagen modelo de todo hombre. Tertuliano afirmaba sobre esto último que cuando Adán era modelado en la arcilla, el pensamiento divino tenía ya presente la encarnación de Cristo.

En el Vaticano II, en Lumen Gentium 16 dice que de los no cristianos se dice que están ordenados de diverso modo al pueblo de Dios. Según las diferentes maneras con que la voluntad salvífica de Dios abraza a los no cristianos, distingue el Concilio cuatro grupos: en primer lugar los judíos; en segundo lugar los musulmanes; en tercer lugar aquellos que sin culpa ignoran el evangelio de Cristo y no conocen la Iglesia, pero que buscan a Dios con corazón sincero y se esfuerzan por cumplir su voluntad conocida a través de la conciencia; y en cuarto lugar aquellos que, sin culpa, no han llegado todavía al expreso reconocimiento de Dios, pero que no obstante se esfuerzan por llevar una vida recta Pero además de LG 16 podemos destacar estas afirmaciones: 1) Las personas de buena voluntad tienen las ayudas necesarias para la salvación. 2) Todo lo bueno y verdadero en las religiones es preparación para el Evangelio.

En la declaración NOSTRA AETATE tenemos los siguientes respuestas:

Respecto a las religiones tradicionales, al Hinduismo y al Budismo afirma en el nº2: Ya desde la antigüedad y hasta nuestros días se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana y a veces también el reconocimiento de la Suma Divinidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con íntimo sentido religioso… La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres.

Sobre el Islam reconoce (NA 3) que: La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian además el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno. Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres.

Del pueblo judío (NA 4): la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza…Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno.

Aunque no afirma de forma explícita que otras tradiciones religiosas sean vías de salvación para sus miembros y reconoce que hay divergencias en cuestiones de fe, sí acepta lo que de verdadero y bueno hay en ellas y fomenta el respeto hacia las mismas.

La Comisión Teológica Internacional, en su informe “El cristianismo y las religiones” (1996), se coloca en posturas muy próximas a las apuntadas por el Concilio, al que ilumina con acertadas claves teológicas.

El valor teológico de las religiones lo aborda especialmente en los números 80-104. Parte de cuatro principio teológicos fundamentales e irrenunciables: principio teológico (iniciativa libre de Dios para salvar), cristológico (necesidad de la mediación de Cristo), pneumatológico (capacidad del Espíritu de actuar donde desee) y eclesiológico (necesidad de la mediación de la Iglesia). A partir de la conciencia de conservar estos cuatro pilares, la Comisión se pregunta por: 1) el significado universal de Cristo 2) el Espíritu Santo y su actuación especial (pero no única) en la Iglesia 3) la función de las religiones en la economía salvífica 3) la imposibilidad de un Logos que no sea Jesús y de un Espíritu que no sea de Cristo. 

El documento de la Comisión parte de Lumen gentium, donde se dice que los no cristianos también están ordenados al Pueblo de Dios. Pero reconoce que no es indiferente el que pertenezcan o no a otra religión, ya que en las religiones se encuentran: rayos de verdad (NA 2), semillas del verbo (AG 11), cosas buenas y verdaderas (OT 16), elementos de verdad y gracia (AG 9, LG 17) que deben ser sanados, elevados y completados. 

La Comisión admite que el valor salvífico de las religiones quedó como “quaestio disputata” en el ámbito teológico, no así la salvación de las personas individuales. Recuerda que Juan Pablo II, en Redemptoris Missio 28-29 (1990), afirma la presencia del Espíritu Santo en las religiones e insiste la Comisión que esta presencia no es separable ni confundible con la acción particular del Espíritu en la Iglesia.

RM 55-56 afirma que Dios llama y se hace presente en el Espíritu de Cristo a individuos y pueblos mediante sus riquezas espirituales entre las cuales pueden encontrarse, evidentemente, sus religiones. La Comisión intuye como incoherente separar la acción del Espíritu Santo en los individuos de una misma acción en sus religiones y culturas, que han sido instrumentos o mediaciones, aunque imperfectas, de esa acción. Subraya especialmente que: 1) el Espíritu tiene en la Iglesia una presencia peculiar, intensamente plena, aportando la plenitud de los dones salvíficos 2) el Espíritu tiene presencia universal en las religiones, imperfecta, como preparación al evangelio.

La Comisión toma una postura intermedia entre los modelos de teología del cumplimiento o de la presencia. Desea afirmar que las religiones son medios salvíficos particulares para sus miembros, no equiparables a la función salvífica de la Iglesia, en cuanto ayudan a la respuesta humana al don de Dios en Cristo y conducen al amor de Dios y del prójimo; esto es posible por Jesús, único mediador. El valor salvífico de las religiones son como vías parciales, no paralelas ni desligadas de la mediación única y universal de Jesucristo (RM 5).

Sobre la salvación en las diversas tradiciones religiosas. Tenemos el Dominus Iesus que dice "Reconoce que en los libros sagrados de otras religiones contienen elementos gracias a los cuales multitud de personas a través de los siglos han podido y todavía hoy pueden alimentar y conservar su relación religiosa con Dios… Dios no deja de hacerse presente en muchos modos « no sólo en cada individuo, sino también en los pueblos mediante sus riquezas espirituales, cuya expresión principal y esencial son las religiones, aunque contengan “lagunas, insuficiencias y errores” ». Por lo tanto, los libros sagrados de otras religiones, que de hecho alimentan y guían la existencia de sus seguidores, reciben del misterio de Cristo aquellos elementos de bondad y gracia que están en ellos presentes. (DI8)

La acción salvífica de Cristo por medio de del Espíritu Santo supera los límites visibles de la Iglesia y alcanza a toda la humanidad, así el Magisterio reciente de la Iglesia ha llamado la atención con firmeza y claridad sobre la verdad de una única economía divina: « La presencia y la actividad del Espíritu no afectan únicamente a los individuos, sino también a la sociedad, a la historia, a los pueblos, a las culturas y a las religiones [...]. Cristo resucitado obra ya por la virtud de su Espíritu [...]. Es también el Espíritu quien esparce “las semillas de la Palabra” presentes en los ritos y culturas, y los prepara para su madurez en Cristo ». (DI12)

Admite la posibilidad de mediaciones participadas en la mediación única y universal de Jesucristo (DI 14). Acerca del modo en el cual la gracia salvífica de Dios, que es donada siempre por medio de Cristo en el Espíritu y tiene una misteriosa relación con la Iglesia, llega a los individuos no cristianos… las diferentes tradiciones religiosas contienen y ofrecen elementos de religiosidad que proceden de Dios… De hecho algunas oraciones y ritos pueden asumir un papel de preparación evangélica, en cuanto son ocasiones o pedagogías en las cuales los corazones de los hombres son estimulados a abrirse a la acción de Dios.

Se advierte una valoración positiva de las distintas tradiciones religiosas. El Concilio Vaticano II supuso un paso importante en la relación de la Iglesia Católica con ellas. La reflexión posterior dio un paso más al plantear no ya el problema de la salvación fuera de la Iglesia y del Cristianismo, que está fuera de duda, sino de la influencia que las religiones puedan o no tener en esa salvación, de la posibilidad de contener elementos de mediación salvífica válidos e incluso de constituirse ellas mismas, y en qué medida, en vías o caminos de salvación. Como líneas generales se perfilan tres actitudes fundamentales:

Teología del cumplimiento: Cristo culmina la historia de la salvación, quitando valor a las otras religiones. Es perfección que abole lo que había con anterioridad. En cuanto a quienes practicaban otras religiones, se salvaban a pesar de ellas.

Teología de la presencia: Cristo es perfección, plenitud de la historia de la humanidad, que hace que siga presente en todas las religiones sosteniéndolas. La imagen y semejanza está en toda la humanidad y también resplandecen destellos de verdad.

Teología cristiana del pluralismo religioso: es la línea más actual. Se basa en la anterior, pero trata de comprender el significado que la pluralidad de tradiciones religiosas tiene en el plan de Dios. 

Algunas de las perspectivas contemporáneos son los de Karl Rahner sobre el Cristianismo anónimo que dice que las religiones no cristianas son vías legítimas de salvación y propone llamar a sus seguidores “cristianos anónimos” puesto que reciben la única salvación existente, la de Cristo aunque no sean conscientes de ello. También tenemos el Catecumenado Anónimo de V. Boublik que retoma la teoría Rahner adoptando el concepto de catecumenado. Para Boublik las distintas religiones son también vías legítimas de salvación, pero sostiene que los no cristianos están en la misma situación de los catecúmenos: no están incorporados a la Iglesia y esperan anónimamente su incorporación como humanidad salvada en Cristo. El Cristianismo Latente de J. Dupuis que dice que el Cristianismo ofrece la salvación a través de unos vicarios, las religiones. Estas son expresión del encuentro con Dios en Cristo de modo incompleto: expresan la experiencia de Dios, constituyen mediaciones parciales, y son camino de salvación para sus miembros. La presencia de Cristo en ellas es de modo latente, oculto.


1 comment:

  1. Gracias Rodolfo por compartir su libro/trabajo. ya le escribiré mi opinión. voy a leerlo despacito. un abrazo, luis

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