Wednesday, June 8, 2011

Pecado Original

Tema 24. La muerte alcanzó a todos los hombre, por cuanto todos pecaron (Rom 5, 12). El pecado original como solidaridad de todos los seres humanos en el mal.

Es un tema que está centrado en el tema de Pecado Original y que pretende a dar respuesta a la pregunta por qué el hombre hace mal. El mal es una realidad de diversos tipos: naturaleza, social, moral y religiosa. El mal es por todo lado. Lo encontramos en la sociedad, en nuestro propio casas, en la Iglesia, etc.

¿Pero por qué hay mal? ¿Por qué existe? ¿Porque el ser humano estamos de alguna forma evocados hacer este mal? Hay muchas respuestas y la revelación también tiene su propio respuesta:

En Génesis aparece el pecado como ruptura de las relaciones. Y si comparamos el Génesis 2 y 3 encontramos que en Génesis 2 el ser humano Adán se encuentra en nudo de relaciones. Tiene relación con la tierra procede del barro, con el mundo, con la mujer carne de su carne, con todas las cosas - da los nombres, con Dios. Y en Génesis 3 ese cuadro de relaciones se rompe, y justamente lo que nos va aparecer es un ser humano que a partir de su "negativa" afecta el plan de Dios se encuentra como cortado de su relaciones. El vinculo con la tierra se convierte en muerte. Porque viene del barro, va morir. Por lo tanto la condición de barro-tierra ya no habla de la relación del hombre con la tierra sino va a hablar de la muerte con la muerte como castigo. El dominio sobre el mundo se convierte en el trabajo duro. La capacidad de dar el nombre a los animales o las cosas se le escapa como el serpiente. Entre el hombre y la mujer surge el engaño y el miedo así mismos. Y la relación con Dios se rompe.

San Pablo trata un paralelismo en Romanos 5, 12-21 entre Adán y Cristo. La salvación nos llego a todos por uno a través de Cristo tal como por Adán nos vino la perdición. Tiene una formulación que ha sido bastante problemática: La muerte alcanzó a todos los hombre, por cuanto todos pecaron. En la traducción de la Biblia, la palabra epho en Griego pasó a la Vulgata por "in quo" y toda la tradición occidental se va a mover en este "in quo" mientras en la tradición oriental se potenciar la capacidad moral del hombre, la libertad humana para responder a Dios, el pecado original  como ausencia de su gracia original. Y en el occidente se pasa con lo que Agustín y Pelagio dice sobre de este tema.

Pelagio defiende la idea de la existencia de un hombre con plenitud de facultades espirituales y fuerza propia para enfrentarse al mal. El contexto de superstición, pesimismo... lo lleva a un optimismo esencialista, subiendo al hombre a un pedestal, quizá demasiado alto, hasta el punto de que transgrede los límites de la postura que quiere atajar (el pesimismo reinante), cayendo, por otra parte, en un optimismo exacerbado. Pero Pelagio defiende que el hombre y la creación son buenos. Que Dios no es al autor del mal. Que el mal se debe al hombre. Éste es el responsable del mal, pues el hombre es libre. La libertad es el mayor don que ha recibido el hombre. Ésta es la verdadera gracia. La libertad es la “gracia original” o fundamental.
Pelagio - todo ser humano ya nacía con una gracia recibida de Dios que le posibilitaba el poder optar entre el bien y el mal. El problema con pelagianismo es la cuestión ¿qué pinta Jesús en el tema de la salvación?

Agustín por su parte dice que en el paraíso el hombre estaba dotado de toda clase de privilegios; era virtualmente inmortal y tenía perfecto dominio de los sentidos, poseía una ciencia admirable, gozaba de perfecta libertad. Pero su orgullo le pierde al querer ser como Dios se ha hecho semejante a los animales irracionales. Las consecuencias del pecado han sido terribles para la humanidad: ignorancia, concupiscencia, enfermedad, sufrimiento, muerte y, sobre todo, el pecado mismo. Los hijos de Adán vienen al mundo en estado de pecado, que se empeora con los pecados personales. La única perspectiva es la condenación eterna. Pero Cristo nos salva.

Con esto se ha aclarado lo siguiente: 1) El hombre no puede salvarse por sí solo, sino que tiene absoluta necesidad de ser salvado por Dios; 2) Esa salvación es gracia que libera la libertad y suscita en el ser humano la atracción y delectación del bien; 3) Todo ello se remonta a la iniciativa divina, y 4) La libertad y la gracia no son antinómicas, sea como sea el cómo haya que explicarlas.

En san Agustín cristaliza una corriente de pensamiento difusa antes de él con ocasión de la herejía pelagiana. En la lucha contra el Pelagianismo san Agustín no sólo argumenta a partir de la Escritura, sino que apela a la tradición de la Iglesia, vivida por el pueblo fiel, expresada en la liturgia, testimoniada por los Pastores y Doctores.

[Para Santo Tomás el pecado original consiste en un elemento material, que es la concupiscencia, un elemento formal, que es la “ausencia de justicia original”. En sí misma considerada, y en cuanto controlada o controlable por la razón, la concupiscencia es “natural al hombre”; deviene “contra la naturaleza”, y por ende pecaminosa, cuando “trasciende los límites de la razón”. Y eso es justamente lo que ocurre cuando va acompañada por la “privación de la justicia”; justicia que es el factor por el que la “voluntad se somete a Dios”.

En cuanto al modo de transmisión, santo Tomás, asume la tesis anselmiana, pero encuadrándola en una concepción de la humanidad como organismo unitario, en el que todos los miembros están interrelacionados. Primero la persona (Adán) infecta a la naturaleza, luego la naturaleza infecta a la persona. Y ello es posible porque todos los hombres que nacen de Adán pueden considerarse como un solo hombre, en cuanto convienen en la misma naturaleza... de un modo análogo a como en los asuntos civiles todos los que son de una misma comunidad se consideran como un solo cuerpo, y toda la comunidad como un solo hombre... Así pues, los hombres derivados de Adán son como miembros de un solo cuerpo . Se puede concluir que el papel de la generación en la propagación del pecado es claramente secundario; lo primario es el pensamiento de una solidaridad corporativa, en el seno de la cual las partes están en función del todo.

Por lo que atañe al grado de intensidad del pecado original, Tomás estima que, desde el punto de vista de la intensidad, el pecado actual es mayor que el original, porque es voluntario, aunque en términos de extensión, éste sea mayor que aquél, puesto que afecta a todos. El pecado original en nosotros es la privación de la justicia original y, al menos indirectamente, de la gracia habitual. Por esto los que mueren en este estado sin pecados personales son privados de la visión de Dios. Esta doctrina desembocará en la doctrina sobre el limbo (I-II q. 87 a.5).]

¿Cómo hablaremos hoy del pecado original?

La universalidad del pecado en la humanidad según la Sagrada Escritura: El sentido y sentimiento del pecado es un elemento común en todas las religiones. El hombre se considera de alguna manera culpable delante de Dios. Generalmente la visión histórica es pesimista, porque no se puede prescindir de él como elemento perturbador en las relaciones interhumanas personales y colectivas. La Sagrada Escritura engloba en sus afirmaciones a todos los hombres presentes y pasados.

El Antiguo Testamento presupone de hecho la universalidad del pecado dentro y fuera de Israel. Dentro de Israel es muy fuerte la conciencia de pecado en el pueblo elegido. Los historiadores los profetas y los poetas acusan continuamente al Pueblo de su tiempo de que ha sido infiel a Dios, o de que confirman la actitud rebelde de sus padres (Jr 5, 1-5; Is 1, 4). Fuera de Israel los pueblos son sinónimo de pecadores e idólatras. La convicción de los autores sagrados de que todos han pecado es constante y por eso se intenta sistematizar de alguna manera. El pecado es una realidad tan honda y extensa en la humanidad que su origen se identifica con el hombre mismo (Gn 2-3). A medida que la humanidad se extiende sobre la tierra, el pecado lo mismo (Gn 4-11). Nadie escapa al juicio de Dios y sólo se salva por su misericordia.

El Nuevo Testamento presupone también la realidad universal del pecado, al anunciar como tema central de su evangelio que Jesucristo es el salvador único y necesario de todos los hombres y expresamente lo afirman en otras ocasiones, especialmente Juan y Pablo. Éste es explícito en sus afirmaciones. Como toda la tradición judía Pb divide a la humanidad en gentiles y judíos. Los gentiles son pecadores (Rm 1, 18-32); también los judíos han pecado; todos: judíos y no judíos, han pecado. En Rm 5, 12-21 la fuerza dominadora del pecado, independientemente, se extiende a todos sin excepción, para realzar la figura y obra universal de Cristo.

Jesucristo único salvador. El único plan salvador es universal, sin exclusivismos ni fronteras; se extiende no sólo a los individuos, sino a la comunidad entera humana, a la raza de Adán, ahora dispersa y rota, pero que debe ser reunida, para formar un solo pueblo. El hombre y toda la comunidad pasada, presente y futura es impotente para realizar este plan salvador. De Dios ha partido la iniciativa del plan salvador, pues no podía ser de otra manera. Sin el don y la gracia de Dios el hombre no puede dar un paso en orden a la realización del mismo plan. Sin la gracia sobrenatural el hombre no puede elevarse por sí mismo a participar del orden sobrenatural, divino, al que pertenece el plan de salvación.

En primer lugar, venimos a la existencia con un destino sobrenatural a participar de la vida y amistad divinas, a ser hijos adoptivos de Dios en Cristo Jesús (existencial sobrenatural positivo), pero sin la posesión de la vida divina, carentes de la gracia santificante. El plan de Dios ofrece su gracia, su amistad; se ofrece a sí mismo y quiere que el hombre, elevado al orden sobrenatural, dé libremente su respuesta: le acepte y entable un diálogo humano-divino. Pero el hombre puede también cerrarse en sí mismo y negarse al diálogo con Dios (el pecado).

En segundo lugar venimos a la existencia en una comunidad pecadora, donde ha dominado y domina el pecado, cometido por todos los que nos han precedido, desde nuestros inmediatos antecesores hasta los primeros que originaron esta cadena e historia de pecados. Por la generación no se transmite ni el pecado ni la gracia, sino que por ella venimos a la existencia, somos hombres y por ellos mismo formamos parte de la comunidad pecadora. Es un dato de revelación que el pecado entró en el mundo por un hombre (Gn 2-3; Rm 5, 12) y de él sólo nos puede librar Jesucristo nuestro Señor. Así lo propone la Iglesia. Es dogmático.

La exposición tradicional de la doctrina sobre el Pecado Original en nosotros ha subrayado, al hablar de la situación en la que venimos a la existencia, exclusivamente su aspecto negativo, silenciando lamentablemente el aspecto positivo: el existencial positivo de gracia sobrenatural en que también venimos a la existencia. Para abordar adecuadamente el tema es necesario hablar no sólo de “estado de desgracia sobrenatural en que se encuentra el hombre por lo que necesita absolutamente de la redención de Cristo para salvarse” (el llamado pecado original originado), sino también de su situación de esperanza al estar llamado por Dios a participar de su misma vida y tener a su disposición el fruto copioso de la redención realizada ya por Cristo, ya que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20).

Por el bautismo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se nos comunica, nos introducimos en la Iglesia, cuerpo de Cristo, comunidad de gracia y de creyentes, educadora en la fe, en contraposición a la comunidad a la comunidad obstructora que nos lleva e induce al pecado. Los que están justificados por el bautismo solamente pueden recaer en estado de pecado por el pecado personal. El infante bautizado, aunque permanece bajo el influjo del pecado del mundo, pertenece realmente a Cristo y a la Iglesia, comunidad sacramental de gracia. Si se le educa debidamente, podrá seguir en el mismo estado de gracia; si no, la virtud de la gracia quedará frustrada. Pero no se puede decir que recaiga en el estado de pecado original. Así, la comunidad creyente puede tener un papel relevante en el ofrecimiento de redención de Cristo.

TÉRMINOS SUPER IMPORTANTE:

PECADO ORIGINAL ORIGINANTE - pecado de Adán, el primer pecado cometido en la historia de salvación; pecado original activo

PECADO ORIGINAL ORIGINADO - la situación de "pecado" en la que venimos al mundo, como consecuencia del primer pecado; pecado original pasivo

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